Cabras pal Monte

Pasión por la bicicleta

Y por fin el Montseny!

Son ya varios los meses, incluso diría que años, lo que llevo escuchando hablar del tema y este fin de semana, he podido sufrir en mis carnes, las famosas cuestas y el no menos complicado descenso del Montseny.

Cinco éramos los valientes que decidíamos plantarle cara a la mañana del domingo con un madrugón de órdago. Debíamos estar pronto en la salida para que los pronósticos de altas temperaturas no supusieran un contratiempo a la ascensión. A las 7 estábamos montando el material en la ladera de la montaña. En esta ocasión, Isma decidía acompañarnos. Tal y como ocurrió en Berga, la falta de kilómetros en sus piernas, nos hacía presagiar lo que sucedería con posterioridad. Teníamos que esperarlo en todos los cruces y en en Plá de la Calma.

Entre espera y espera, sacábamos fotos del fantástico paisaje y el buen rollo que por costumbre ameniza nuestras salidas.

Al llegar casi a la cima, nos tomamos un respiro para ver todo lo que nos rodeaba. No siempre se tiene la oportunidad de ver un día tan claro y soleado como el que estábamos disfrutando.



Con el paso del tiempo nos fuimos agrupando y decidimos aconsejar a Isma, que bajara por donde habíamos subido. Faltaba el último repecho antes de coronar nuestro objetivo y los que ya habían venido con anterioridad, le aconsejaban no arriesgar en la bajada que precedía al pico.


Y después de tener que poner pié en algún que otro paso complicado, coronamos nuestro objetivo. La sensación de incertidumbre que me sobrevenía ante la famosa bajada no me dejó disfrutar del momento.



Mientras dejábamos un recuerdo en forma de texto, intentábamos ocultar el nerviosismo que suponía enfrentarnos a pasos muy técnicos con bicis que no eran las adecuadas.
Llegó el momento y la bajada no defraudó a ninguno. Quedamos a la espera de repetirla e intentar bajar por las zonas que no hicimos encima de las monturas. Entiendo que alguna es prácticamente imposible, pero puede que en un ataque de valentía, consigamos la osadía de lanzarnos por las losas y poder contar que lo hemos hecho. Hasta entonces, solo nos queda decir que hemos bajado poniendo más pies que rueda, pero con la intención de volver a librar nuestra particular batalla con la naturaleza del terreno.

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