Cabras pal Monte

Pasión por la bicicleta

Monegros 2011, un día de “rampas”


La mañana del 30 de Abril había empezado pronto. Las 7;45 era la hora acordada por la gente de Probike, para cargar el autobús con bicis y ocupantes. Puntuales como de costumbre, los valientes que decidímos inscribirnos a esta prueba, asistimos a la convocatoria. Una vez cargadas las bicis, partimos rumbo a Sariñena.

Después de un viaje ameno, en el que todos tratábamos de disimular los nervios que suponía saber que nos enfrentábamos a una prueba exigente, llegábamos al pueblo. Eran las  11,25 de una soleada mañana de sábado. El autobús aparcaba a 100 metros del arco de salida y de allí nos dirigíamos a por los dorsales.

Una vez recogidos, nos dimos una vuelta por los stands que Orbea había instalado, dejando ver  todo el poder que la marca ha adquirido tanto a nivel nacional como internacional en una trallectoria empresarial digna de mención.

Este despliegue, se podía apreciar en la carne que tradicionalmente suelen ofrecer a los participantes y que no podía faltar a la cita.

Entre tanto, algunos aprovechábamos para dejar escapar los nervios…

Una vez relajados, empiezan a surgir las bromas y el “amor”…

Algunos, nos enseñaron la mejor manera de tomar la salida… (“por patas”)

Otros, nos esforzábamos en pasar los instantes previos a la carrera, de la mejor forma posible.

Antes de vestirnos, decidimos ir a dar una vuelta por el pueblo y picar algo. Martín había llegado con su suegro, y entre anécdotas, decidíamos cómo y dónde podíamos tomar un café y picar algo en previsión de la larga salida que suponía estar más de 4 horas encima de la bici.

Ya de camino al bus, nos sorprendía el buen ambiente y la calidad del material, que como suele ser habitual en este tipo de pruebas, traía la gente.

Los últimos retoques…

…y listos para la prueba…

La carrera daba inicio y entre la marabunta de ciclistas, veíamos pasar a Luís y Martin como una exhalación. Mientras tanto, Marcos, Jose y yo, íbamos rodando por los caminos que discurrían en la salida del pueblo, conscientes de que nos quedaba mucho tiempo por delante y con más kilómetros de los que solíamos hacer habitualmente. Enseguida empezamos a coger ritmo y los tres empezamos a rodar. Al llegar las primeras cuestas, Marcos empieza a sufrir rampas y decide bajar el ritmo considerablemente. Tras el primer avituallamiento, Jose y yo decidimos subir el ritmo y seguir la carrera dejando a Marcos solo ante el peligro. Tras el Km 30, sufrimos la pendiente del “Muro de las Lamentaciones”. Aquí los ciclistas empezaban a sufrir las inclemencias de un día soleado y seco. El polvo de la zona empezaba a cubrir los rostros de los ciclistas y las bicis empezaban a crujir por la falta de aceite.

Superada esta primera ascensión, nos esperaba otra que iría del Km 60 al 90. No era algo muy pronunciado, pero era constante, lo que suponía un gran desgaste psicológico. En el Km 100 nos encontramos con Luís, que nos confirmaba que no tenía su día. Seguíamos en nuestro ritmo y gracias a la constancia y al haber reservado al principio de la prueba, adelantábamos a muchos de los que nos habían superado a mitad del recorrido. Llegamos a la meta en 5,15 minutos y 3 minutos más tarde, lo hacía Luís.

Alí nos encontrábamos a Martín, ya duchado. Había entrado a 4,35 con unas sensaciones fantásticas y mu contento.

Una hora después de nuestra llegada, Marcos, hacía su aparición. Muy satisfecho también, pero contrariado por el sufrimiento que había padecido durante toda la carrera.

Antes de marcharnos, nos volvíamos a reunir en el bar en el que por la mañana habíamos picado algo.

Unas coca-colas de premio y al autobús para volver a Barcelona.

Entrábamos en Barcelona a las 12 de la noche con la satisfacción de haber vuelto a casa tras una gran batalla.

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